La esperada noche en la que dos leyendas veteranas subieron al ring se convirtió en un espectáculo tan extraño y caótico que rozó lo irreal. En la pelea número 50 y la última de la carrera de Derek Chisora, el estadounidense Deontay Wilder se llevó la victoria por decisión dividida tras 12 asaltos de locura absoluta en la O2 Arena de Londres.
Una Entrada Emotiva y el Regreso de Anthony Joshua
La historia de la noche comenzó mucho antes de que sonara la campana. Preparándose para decir adiós al boxeo, el británico de 42 años llegó a la arena utilizando el transporte público. Acompañado de su familia y empujando el cochecito de su bebé, Zion, Chisora se abrió paso hombro con hombro entre sus fieles seguidores, regalando una imagen profundamente emotiva.
El evento también marcó el regreso al ojo público de Anthony Joshua. En su primera gran aparición desde su trágico accidente automovilístico el pasado diciembre, el ex campeón mundial se sentó en primera fila, pero no sin antes darle una emotiva charla motivacional a su compatriota en los vestuarios.
¿Boxeo o Lucha Libre? Un Inicio Desordenado
Fiel a su promesa, Chisora salió a «aplastar» a Wilder desde el primer segundo en la cartelera estelar de Misfits Pro. Usando su peso más alto histórico (una ventaja de casi 19 kilos sobre el estadounidense), intentó asfixiar a su rival. El combate fue tan atropellado que, a finales del primer round, ambos casi caen por encima de la tercera cuerda durante un agarre (clinch), obligando a la esquina de Chisora a intervenir para separarlos.
Como bien señaló en los comentarios el campeón de peso pesado de la OMB, Fabio Wardley, el ritmo lento delató la edad de ambos pugilistas, que ya superan los 40 años. A ratos, la pelea parecía más un combate de lucha libre que de boxeo. Sin embargo, en el sexto asalto, Wilder comenzó a tomar el control, abriendo un corte sobre el ojo izquierdo de Chisora con una precisa combinación de uno-dos.
Vuelos Fuera del Ring y el Absurdo Asalto 11
La verdadera locura estalló en el octavo round. Wilder conectó su temible y característica mano derecha, enviando a Chisora literalmente a través de las cuerdas hacia fuera del ring. Cuando parecía que todo había terminado, el británico mostró su inmenso corazón y logró ponerse de pie. Sin embargo, instantes después, Wilder lo empujó de manera irregular hacia la lona, lo que le costó la deducción de un punto por parte del árbitro.
Si eso parecía dramático, el undécimo asalto pasará a la historia como uno de los más extraños del deporte. Chisora recibió otro duro derechazo y volvió a salir expulsado entre las cuerdas, superando la cuenta de protección una vez más. Apenas unos segundos después, oliendo una victoria milagrosa, Chisora se fue al ataque; Wilder recibió un impacto, pareció resbalar y terminó en la lona, obligando al árbitro a aplicarle también una cuenta de protección al estadounidense.
El Adiós de un Guerrero
A pesar de los intentos salvajes de Chisora por conseguir el nocaut con sus voleados de derecha en el último asalto, la pelea llegó a la distancia. Dos de los tres jueces vieron ganador a Deontay Wilder, otorgándole la victoria por decisión dividida.
Fue una pelea que, por momentos, fue «tan mala que resultó ser buena». Aunque el combate dejó claro que los mejores años de ambos peleadores han quedado atrás, su innegable espíritu guerrero brindó a los aficionados una noche de despedida legendaria, desconcertante e inolvidable para Derek Chisora.
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